domingo, 27 de abril de 2014

CASTILLA

leve, suave, serena
Pasear por Toledo sin ser atravesado por el paraguas de algún guía turístico. Sinagogas, iglesias, mezquitas..., ¡qué barbaridad tanta tolerancia! Hoy a golpe de pulserita turística previo pago.





Ruta BTT desde el Camping Valle de Iruelas circunvalando el precioso y enorme Embalse del Burguillo y llegando hasta el pueblo de Navaluenga, río Alberche arriba, con su monumental puente romano. Y todo en compañia de mis mujercitas, que en todo momento soportan los embites de la dura jornada bicicletera con ánimo inquebrantable, mas propio de locos por la bici que de ocasionales. Una palabra para distinguir tan memorable jornada: ensoñación.
Bien temprano sobre la bici atacando el Puerto de  Casillas. Las manos heladas, los pies helados, los cascos para la música olvidados. El bosque de ribera, un espectáculo. 3ºC ahí afuera, dentro quién sabe... Pedaleo lo que puedo, intentando buscar mi ritmo.... Lentamente voy ganando altura. Me elevo sobre mi mismo. Levito. 
El estruendo del río Iruelas y su extraordinaria belleza, al menos hasta mitad de subida. Luego, viento. Mucho viento. Cuando corono el puerto ya no sé ni quién soy. En algún momento pienso en dar la vuelta y dejarme caer. Ahora lo haré pero hacia el Alto Tiétar. Total, ya que estoy... Cuando llego a Casillas entro en un bar a por algo caliente. Luego toca subir de nuevo. No tanto como en el puerto. Castaños, robles, hayas, más castaños...., qué paraíso!! Kilómetros memorables de una belleza  sin mácula, el Castañar de El Tiemblo.
Qué gusto caminar por Ávila, la desesda, tan sobria. Y mas arriba, por su maravillosa muralla. Y más allá el Adaja, con sus puentes. Y dentro, tantas historias..., unas reales, otras en cambio.... Me ha encantado conocerte. Podría pasear tras tus murallas una vida entera. 





La tierra verde insultante, el cielo azul y blanco, insultante. Llueve cuando le viene en gana. Frío. Las grandes extensiones y la montaña al fondo. Sobrecoje tanta belleza, los campos de Castilla. Entramos y salimos de Segovia. Lo justo. Su acueducto, su cochinillo..., poco más. 
Disparados a Sepúlveda, milenaria ciudad encajada en la tierra. Paseamos su entramado de puerta en puerta, de iglesia en iglesia, también su barrio judío. Las hoces por todas partes...



La grieta en la meseta, tierra adentro, morada para todo tipo de pájaros... También humanos. También rapaces. Algunas inmensas. Como la inmensa tromba de agua que cae el sábado y da al traste con nuestro plan de recorrer las Hoces en bici. En cambio, caminamos, o mejor, bailamos sobre el barrizal, bien divertido, eso si. La cueva del cura. El Priorato de San Frutos. Historia y leyenda. El espectáculo de la naturaleza el río Duratón y sus hoces.
´Soñé que tú me llevabas
por una blanca vereda,
en medio del campo verde, 
hacia el azul de las sierras, 
hacia los montes azules,
una mañana serena.
Sentí tu mano en la mía,
tu mano de compañera,
tu voz de niña en mi oído,
como una campana nueva,
como una campana virgen
de un alba de primavera.
¡Eran tu voz y tu mano,
en sueños, tan verdaderas!_
Vive, esperanza, ¡quién sabe 
lo que se traga la tierra!´
___ Antonio Machado
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