martes, 17 de mayo de 2016

vivacBTT/ Sierras de Alcaraz


"Ya mataron al Pernales,
ladrón de Andalucia,
el que a los ricos robaba
y a los pobres socorría"
EL  P E R N A L E S
vicioAVENTURA por las SIERRAS DE ALCARAZ
Duermevelas en la noche espesa por la ciega niebla a este lado del muro del cementerio, junto al castillo en lo alto de Alcaraz. La ruta BTT que mañana iniciamos para honrar al famoso bandolero El Pernales, cuyos restos descansan al otro lado del muro.
Todas las Sierras del Mundo, la más grande extensión de Sierras de toda la inmensa Península, las Sierras del Sur. Y cerrándolas al norte lindando con el Altiplano manchego, las Sierras de Alcaraz, el escondite perfecto, la guarida de Francisco Ríos, el Pernales.
DÍA UNO/ ALCARAZ - AYNA
La gélida noche en la nube y a la mañana dentro de ella salimos dirección Los Batanes. Las paredes verticales rezuman agua. Un agua que se precipita violenta por los cortados. Ganamos la presa y seguimos subiendo. Y en los altos de las Torcas y el Aguilón quedamos atrapados por los caminos enfangados, cemento armado, tragados por un barrizal que nos hunde en la tierra.


Han pasado más de cuatro horas para ganar apenas 12 km, y en La Mesta división de opiniones entre los lugareños que nos auguran un triste final, indigna retirada, y los que aseguran que podremos pasar hacia las montañas de Alcaraz y más allá a los pagos de Ayna.
Rumbo a las alturas vamos despojándonos de la desgracia y aún sin creérnoslo seguimos avanzando hacia el Este en la fría y embarrada mañana. El pico de las Coronillas y otros, pinares inmensos y barrancos sin fin, aldeas levantadas y otras caídas, y las vegas de los ríos mimadas al detalle. Como en otro planeta avanzamos a levante siguiendo las rutas que tantos otros hicieron en tiempos no muy lejanos.
En Casas de Haches el aceite de la ensalada da brío a las destrozadas cadenas de las bicis. También nosotros reponemos fuerzas en el SPA/cantina. Nuevo puerto y más allá, pasada Cañadas de Haches, donde descubrieron la bella y famosa en el mundo entero Dama de Haches, entramos en un laberinto único, mágico, de valles y sendas que nos han de volar directos al río Mundo por El Griego y Royo Odrea.

En la vertical garganta resuenan los cantos y la algarabía del pueblo en fiestas. Y al entrar en él una curiosa corrida: pequeños carros ataviados con cabezas de toro y empujados a la carrera por los mozos del pueblo embisten todo lo que se mueve por la plaza, haciendo las delicias de pequeños y mayores.
Río abajo ya caída la noche entramos por fin en Ayna, donde no se sabe si amanece ni lo que cuesta...
Junto al río Mundo merecido descanso tumbado dentro del saco y las estrellas que se cuelan entre las copas de los enormes árboles llorones. A mi espalda el dulce sonido de las aguas del Mundo al pasar, y arriba el canto de los pájaros, los extraños pájaros de la noche que nunca cayan. Intento discernir lo que dicen. Cuántos son. Si están enganchados a la rama o tumbados. ¿Quién empezó primero? ¿Qué pensarán de nosotros?....
DÍA DOS/ AYNA - ALCARAZ
Bien temprano las bestias ya cargadas y con el buche lleno despedimos el pueblo saliendo por las alturas. La mañana que no acaba de abrir, nos perseguirán toda la jornada nubes, frio y lluvia. Venga arriba y venga abajo entramos en las impresionantes hoces del arroyo del Batán y el río Bogarra. En el pueblo almorzamos y charlamos con los vecinos engalanados para ir a misa, o de vuelta de ella...
Los recios montes de las  inhóspitas sierras testigos de nuestra osadía. Van cayendo las distancias y las horas, y el cansancio en cada gesto. Por Río Madera, toda la belleza que nos rodea bien vale el esfuerzo, y mil como éste.
En el bar de Paterna de Madera, helado en mano, el mesonero nos regala un mapa y orienta nuestro camino de vuelta a Alcaraz. Por detrás del cementerio una senda nos mete de lleno en el río. Un paraíso escondido que transitamos en dura subida. Bajo la lluvia vadeamos el río varias veces y por fin por pista abierta hasta lo alto de la Sierra de Alcaraz por el Paso de Almenara.


Caemos por caminos hasta cerca de La Mesta, donde volvemos a charlar con sus gentes, asombradas de la proeza, y encaramos el último puerto. Y a la bajada, de repente, bajo nuestros pies, los profundos cortados de Los Batanes y al fondo la señorial Alcaraz tendida bajo el castillo. Exhaustos afrontamos las duras cuestas del pueblo y ya ennlo alto, en el muro del cementerio, descansamos junto a los restos del famoso bandolero, que reposan al otro lado.
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